viernes, 29 de diciembre de 2006

Él no era un sueño.

Se levantó sigilosamente con la intención de volver a dormir, una vez hubiese
sofocado los rescoldos de su interior, bajo la ducha.
Con la caricia leve del agua, arrastró el morbo que le produjo, dejarse amar por aquel desconocido, que surgió sutilmente en sus sue?os.
La espuma imitó las manos ansiosas que le habían regalado el cielo en un instante.
Una vez ungida por fragancia de eneldo, regreso al lecho, renovada.
Cuando el sue?o reparador la mecía en su regazo, apreció irrumpir por la sabana
unas manos conocidas que presionaban sus mulos intentando separarlos.
En una primavera inevitable, como un cisne en las aguas de un lago, se dejo cautivar por la caricia de una lengua que emanaba húmeda y recorría con exquisita delicadeza su vientre firme y liso.
Se sintió florecer de nuevo, pero esta vez cálida y delicadamente alabada por susurros certeros a su oído.
Atrás quedó el sue?o loco de un destierro de piedad donde el sexo y el placer eran meros conjuros.
Sintió vértigo.
Se dejo caer despe?ada como piedra que cae a un precipicio.
Lo amaba, lo sentía.
Era real.
Su viril abanico apaciguaba el calor interno que asfixiaba su cuerpo.
Las notas musicales de los gemidos, compaginaban al piano del amanecer.
Fluida en él,
poseyó el universo, gobernó los astros, y danzó desnuda al compás de las olas.
Mecida por el viento ondeo como bandera, oscilando sus caderas sobreel corcel que la hacía suya.?
! Tu esclava soy?
Le susurró sin cesar melódica en su insistente vaivén.
Cuando llegó el clímax a la cima, languideció entre los brazos de su compa?ero...
Su fiel, su único amante.
Amaneció y pájaros de juego comenzaron a volar por debajo de los visillos de la ventana.Todo era calma, paz y sosiego.
Él no era un sue?o.